El Ejército y la Marina asumen funciones ampliadas en seguridad pública y proyectos estratégicos.
En medio de un contexto marcado por la violencia y la necesidad de fortalecer la seguridad, las Fuerzas Armadas mexicanas se han convertido en actores fundamentales dentro de la política nacional. Su participación se extiende más allá de las tareas tradicionales de defensa, abarcando labores de seguridad pública, construcción de infraestructura y apoyo en emergencias.
De acuerdo con especialistas, el Ejército y la Marina han asumido un rol cada vez más visible en la vida cotidiana del país. Desde operativos contra el crimen organizado hasta la administración de proyectos estratégicos como aeropuertos y puertos, su presencia refleja la confianza del Estado en su capacidad operativa.
El gobierno federal sostiene que la intervención militar responde a la necesidad de garantizar la seguridad nacional, en un escenario donde las instituciones civiles enfrentan limitaciones para atender la magnitud de los desafíos.
Sin embargo, organizaciones civiles y académicos advierten que la ampliación de funciones militares plantea retos democráticos y legales, al difuminar las fronteras entre seguridad pública y defensa nacional. Señalan que es indispensable establecer mecanismos de control y rendición de cuentas para evitar abusos y preservar el equilibrio institucional.
En paralelo, la ciudadanía percibe a las Fuerzas Armadas como una de las instituciones con mayor credibilidad, lo que ha facilitado su expansión en distintos ámbitos. No obstante, el debate sobre su papel en la seguridad nacional continúa abierto, con posturas encontradas sobre los límites de su participación.
La discusión sobre las Fuerzas Armadas mexicanas se perfila como un tema central en la agenda pública, al conjugar la necesidad de seguridad con la exigencia de mantener un marco democrático sólido.



