Una investigación periodística reveló la identidad y el alcance de los principales operadores del crimen organizado que actúan entre México y Estados Unidos, mostrando cómo estas redes criminales han logrado consolidar estructuras transnacionales con capacidad de infiltrarse en instituciones y expandir sus negocios ilícitos.
El reportaje, expone que los grupos del narcotráfico han establecido vínculos sólidos con intermediarios en territorio estadounidense, quienes facilitan el tráfico de drogas, armas y dinero. Estos operadores no solo coordinan el traslado de cargamentos, sino que también manejan complejas redes financieras que permiten lavar recursos y sostener la operación de los cárteles.
La investigación destaca que, a pesar de los esfuerzos de cooperación binacional, las estructuras criminales han encontrado formas de adaptarse y mantenerse activas. En varios casos, los operadores cuentan con antecedentes judiciales en ambos países, pero continúan ejerciendo influencia gracias a la corrupción y a la debilidad institucional.
Expertos en seguridad consultados señalan que la presencia de estos intermediarios refleja la dimensión internacional del crimen organizado y la dificultad de combatirlo únicamente con acciones locales. Subrayan que la coordinación entre agencias mexicanas y estadounidenses es fundamental, pero que los resultados han sido limitados frente a la capacidad de los grupos criminales para reinventarse.
El informe también advierte sobre el impacto social de estas redes, que alimentan la violencia en comunidades mexicanas y fortalecen el mercado ilegal en Estados Unidos. La persistencia de los operadores transnacionales confirma que el crimen organizado se ha convertido en un fenómeno que rebasa fronteras y exige estrategias conjuntas más efectivas.
La publicación forma parte de una serie de entregas que buscan explicar quiénes son los actores clave detrás de las operaciones criminales y cómo su influencia se extiende a ambos lados de la frontera.



