El peso mexicano inició la jornada del 20 de enero de 2026 con una ligera depreciación frente al dólar, arrastrado por la creciente aversión global al riesgo tras nuevas tensiones entre Estados Unidos y Europa. El tipo de cambio se ubicó en 17.59 pesos por dólar, de acuerdo con el FIX determinado por el Banco de México, mientras que en operaciones interbancarias la moneda nacional llegó a debilitarse momentáneamente hasta los 17.66 pesos por dólar.
La volatilidad se intensificó luego de que el presidente estadounidense Donald Trump amenazara con imponer aranceles a países europeos, lo que generó incertidumbre en los mercados internacionales. Este escenario afectó directamente al peso, que venía de una racha positiva con nueve jornadas consecutivas de apreciación y su mejor nivel en año y medio.
En bancos nacionales, el precio del dólar mostró variaciones: en BBVA México se ofrecía alrededor de los 18.10 pesos, en Banamex cerca de 18.20 pesos, mientras que en Banco Azteca se cotizaba en torno a los 17.90 pesos. Estas diferencias reflejan la presión que enfrenta la moneda mexicana en un contexto de alta volatilidad financiera.
El Fondo Monetario Internacional prevé que la economía mexicana crecerá apenas 1.5% en 2026, lo que añade un factor de preocupación sobre la capacidad del país para resistir choques externos. Analistas advierten que la combinación de tensiones comerciales, políticas monetarias restrictivas y un entorno global incierto podría mantener al peso bajo presión en las próximas semanas.
A pesar de la depreciación registrada este martes, especialistas señalan que el peso conserva cierta resiliencia gracias a la estabilidad macroeconómica interna y a la expectativa de que las negociaciones internacionales puedan moderar el impacto de las amenazas arancelarias. Sin embargo, recomiendan cautela a los inversionistas y consumidores, ya que el tipo de cambio podría seguir mostrando movimientos bruscos en el corto plazo.
El comportamiento del dólar frente al peso mexicano se convierte así en un termómetro de la tensión global y en un recordatorio de la vulnerabilidad de las economías emergentes frente a decisiones políticas de gran escala.



