Claudia Sheinbaum llamó a mantener una actitud de humildad tras el incidente en el que colaboradores suyos limpiaron el zapato del ministro de la Suprema Corte, Hugo Aguilar Ortiz, durante un evento público. La mandataria aseguró que no se trató de un acto de sumisión, sino de una acción espontánea, y subrayó que su gobierno debe conducirse con respeto y sencillez.
Durante una ceremonia oficial, cámaras captaron el momento en que integrantes del equipo de Sheinbaum se acercaron al ministro Aguilar Ortiz para limpiar su zapato, luego de que este se ensuciara accidentalmente. La imagen generó polémica en redes sociales y fue interpretada por algunos sectores como un gesto de servilismo hacia el Poder Judicial.
La presidenta defendió la actuación de sus colaboradores, señalando que no hubo intención de humillar ni de mostrar subordinación. “Hay que mantener una actitud de humildad, siempre con respeto, pero sin perder la dignidad”, afirmó. Sheinbaum insistió en que su gobierno busca un trato institucional con la Suprema Corte y que el episodio no debe desviar la atención de los temas de fondo en la relación entre poderes.
El hecho provocó comentarios divididos. Críticos de la administración señalaron que la escena refleja una cultura de sumisión frente al Poder Judicial, mientras que simpatizantes de Sheinbaum defendieron la acción como un gesto de cortesía y respeto. Analistas políticos destacaron que el incidente ocurre en un momento de tensión entre el Ejecutivo y la Corte, lo que amplificó su impacto mediático.
La relación entre el gobierno federal y la Suprema Corte ha estado marcada por diferencias en torno a reformas clave, especialmente en materia energética y electoral. En este escenario, cualquier gesto público adquiere relevancia política y es interpretado como señal de la dinámica entre ambos poderes.
El episodio del zapato del ministro Aguilar Ortiz se convirtió en un símbolo de debate sobre la forma en que el gobierno de Claudia Sheinbaum se relaciona con el Poder Judicial. Aunque la presidenta pidió humildad y respeto, la polémica refleja la sensibilidad política de los gestos públicos en un contexto de tensión institucional. La discusión deja claro que, más allá de la anécdota, la ciudadanía observa con lupa la interacción entre los poderes del Estado.



