El presidente estadounidense sorprendió al elogiar la cooperación energética con Caracas, marcando un giro radical respecto a las sanciones del pasado y apostando por el pragmatismo comercial.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sacudió nuevamente el tablero geopolítico de la región este jueves al describir el estado actual de los vínculos con Venezuela como una relación “extraordinaria”. En declaraciones ofrecidas desde la Casa Blanca, el mandatario dejó claro que su administración ha decidido priorizar la seguridad energética y los negocios sobre las diferencias ideológicas que históricamente han separado a Washington del gobierno de Nicolás Maduro.
Durante su intervención, Trump enfatizó que el interés nacional de Estados Unidos requiere acceso estable a las reservas de crudo pesado de la nación sudamericana, vitales para las refinerías de la Costa del Golfo. El presidente aseguró que, bajo su nuevo enfoque de negociación directa, se han logrado acuerdos que benefician a la economía estadounidense, permitiendo que el petróleo venezolano fluya hacia el norte a cambio de una flexibilización controlada de las restricciones comerciales que asfixiaban a la industria petrolera del país caribeño.
Este acercamiento representa un viraje de 180 grados respecto a la política de “máxima presión” que caracterizó su primer mandato. Analistas internacionales interpretan este cambio como una maniobra pragmática frente a la volatilidad del mercado energético global. Al normalizar el trato comercial con Caracas, la administración Trump busca mantener bajos los precios de la gasolina en Estados Unidos, un tema sensible para su base electoral, aun a costa de las críticas de sectores que exigen mayor firmeza democrática frente al chavismo.
El mandatario desestimó los cuestionamientos sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela, argumentando que su trabajo es conseguir “buenos tratos” para los estadounidenses. Insistió en que la entrada de compañías petroleras norteamericanas a los campos venezolanos no solo garantiza el suministro, sino que también desplaza la influencia de otras potencias rivales que habían ganado terreno en la región durante los años de aislamiento diplomático.
Por su parte, el gobierno de Maduro ha recibido con beneplácito este nuevo tono de Washington, viendo en la postura de Trump una oportunidad para oxigenar su economía y consolidarse en el poder. Mientras tanto, la oposición venezolana y grupos de exiliados en Florida han expresado su preocupación, temiendo que esta realpolitik energética signifique el fin del respaldo estadounidense a sus esfuerzos por una transición política en el corto plazo.



