La ambiciosa reforma electoral propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum ha topado con su primer obstáculo significativo dentro de su propia coalición legislativa. El eje central de la iniciativa, que busca la eliminación de las diputaciones y senadurías plurinominales bajo el argumento de austeridad y representación directa, ha generado una fisura evidente con el Partido Verde Ecologista de México. Para esta fuerza política, la propuesta no solo representa un cambio en las reglas del juego, sino una amenaza directa a su supervivencia y peso parlamentario, lo que ha obligado a la mandataria a matizar el discurso mientras intenta mantener la cohesión del bloque oficialista en el Congreso.
La presidenta Claudia Sheinbaum reafirmó su compromiso con la desaparición de los legisladores de representación proporcional, asegurando que esta medida es una demanda ciudadana para reducir el costo de la democracia en México. Sin embargo, esta postura ha evidenciado tensiones profundas con el Partido Verde, cuyo liderazgo ha manifestado que la eliminación de las listas plurinominales afectaría la pluralidad política y dejaría sin voz a las minorías que no logran triunfos por mayoría relativa. Ante este escenario, la jefa del Ejecutivo federal se enfrenta al reto de negociar una reforma constitucional que requiere una mayoría calificada que su partido, Morena, difícilmente alcanzará sin el respaldo total y convencido de sus aliados estratégicos.
La controversia radica en la naturaleza misma del sistema electoral mexicano, donde los partidos pequeños han dependido históricamente de la vía plurinominal para consolidar sus bancadas. El Partido Verde ha dejado claro que, aunque respaldan la agenda general de la llamada Cuarta Transformación, no están dispuestos a votar por una modificación que debilite su estructura interna y su capacidad de negociación en las cámaras. Esta resistencia interna ha obligado a la Secretaría de Gobernación a abrir mesas de diálogo paralelas para buscar un punto medio que permita cumplir con la promesa de austeridad sin que ello implique la ruptura de la alianza que sostiene la gobernabilidad del país.
Desde la tribuna presidencial, se ha insistido en que el ahorro generado por la reducción de 500 a 300 diputados federales podría destinarse a programas sociales prioritarios. Sheinbaum sostiene que el sistema actual es complejo y aleja a los representantes del contacto directo con el electorado en las calles. Por el contrario, las voces críticas dentro del Partido Verde y de algunos sectores de la oposición argumentan que un Congreso compuesto únicamente por ganadores de distritos concentraría el poder en las fuerzas mayoritarias, silenciando la diversidad de opiniones que nutre el debate parlamentario y retrocediendo décadas en materia de avances democráticos.
El futuro de la reforma se decidirá en las próximas semanas, cuando la comisión correspondiente inicie el dictamen formal de la iniciativa. Se anticipa un proceso de negociación intenso donde Morena podría verse obligado a proponer un esquema híbrido que reduzca el número de plurinominales sin eliminarlos por completo, con el fin de suavizar la postura de sus aliados. Mientras tanto, la presidenta Sheinbaum mantiene el tono firme en sus conferencias matutinas, apelando a la legitimidad del voto popular para presionar por un cambio que, de aprobarse, redefiniría para siempre el mapa del poder legislativo en México y la forma en que los ciudadanos son representados en las urnas.



