La relación entre Estados Unidos y Venezuela atraviesa un momento de alta tensión. El gobierno de Washington ha intensificado las presiones sobre Caracas con nuevas sanciones y acusaciones, mientras que el presidente Nicolás Maduro responde con llamados al diálogo y advertencias sobre la defensa de la soberanía nacional.
En las últimas semanas, Estados Unidos anunció la designación del llamado Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera, señalando que estaría vinculado a altos mandos del chavismo y al propio Maduro. Esta medida abre la puerta a operaciones de presión política y militar en la región y ha generado alarma en Caracas, que organizó vigilias en varios estados y denunció un intento de desestabilización.
Maduro, sin embargo, afirmó que su gobierno está dispuesto a un diálogo “cara a cara” con Estados Unidos, insistiendo en que la paz debe ser la única vía para resolver diferencias entre países soberanos. Al mismo tiempo, voceros estadounidenses han reiterado que las sanciones se mantendrán mientras no haya avances en materia democrática.
La Organización de Estados Americanos ha señalado que podría acompañar un eventual proceso de transición en Venezuela, aunque subrayó que cualquier decisión corresponde exclusivamente al pueblo venezolano. Analistas advierten que esta escalada podría derivar en operaciones encubiertas o incluso intentos de derrocamiento, según filtraciones desde la Casa Blanca.
La incertidumbre se extiende a los países vecinos, que observan con cautela el impacto que una confrontación abierta tendría en temas energéticos, migratorios y de seguridad regional. En este escenario, la tensión entre Washington y Caracas se mantiene en un punto crítico, con acusaciones mutuas y sin señales claras de negociación.



