La liberación de presos políticos fue considerada por Washington como un paso hacia la paz.
Donald Trump informó este 9 de enero que decidió suspender la segunda fase de ataques militares previstos contra Venezuela. El mandatario explicó que la medida responde a señales de cooperación del gobierno venezolano, entre ellas la liberación de un número significativo de presos políticos.
“Venezuela está liberando a un gran número de detenidos como muestra de su búsqueda de paz”, escribió Trump en su red Truth Social, calificando la decisión de Caracas como un gesto “muy importante e inteligente”.
La primera ola de ataques se produjo tras la captura de Nicolás Maduro, acción que marcó un giro en la política estadounidense hacia Venezuela. Trump había advertido que, de persistir la represión y el control de los cárteles, se desplegaría una segunda ofensiva terrestre.
Sin embargo, la liberación de opositores y la disposición del nuevo gobierno encabezado por Delcy Rodríguez a dialogar con Washington modificaron el escenario.
Estados Unidos: Trump aseguró que “parece que no será necesaria” una nueva operación militar, destacando que ambos países “están trabajando bien juntos”.
Venezuela: El gobierno de Rodríguez presentó la liberación de presos como parte de un proceso de reconciliación nacional.
Analistas: Especialistas en política internacional advierten que la cancelación de ataques abre un espacio para la negociación, aunque persisten dudas sobre la estabilidad interna del país y la verdadera disposición del régimen a democratizarse.
La decisión de Trump podría aliviar tensiones en la región y evitar un conflicto de mayor escala. No obstante, la situación sigue siendo frágil:
- La economía venezolana enfrenta graves desafíos tras años de sanciones y crisis interna.
- La comunidad internacional observa con cautela si las medidas de liberación de presos se consolidan como parte de un cambio estructural o solo como una estrategia temporal para frenar la presión militar.
La cancelación de la segunda ofensiva contra Venezuela refleja un giro en la estrategia estadounidense, que pasa de la confrontación directa a la búsqueda de cooperación. El futuro de la relación bilateral dependerá de que Caracas mantenga gestos concretos de apertura política y de que Washington sostenga su disposición al diálogo.



