El Banco de México (Banxico) decidió mantener la tasa de interés en 7% y aplazar hasta el segundo trimestre de 2027 la meta de inflación de 3%. La medida refleja la persistencia de presiones inflacionarias y la necesidad de sostener una política monetaria restrictiva para garantizar estabilidad económica.
En su primera reunión de política monetaria de 2026, la Junta de Gobierno resolvió mantener la tasa de referencia en 7%, argumentando que aún existen riesgos al alza en la inflación, especialmente por factores externos como la volatilidad en los precios de energéticos y alimentos.
El banco central reconoció que la convergencia hacia la meta de 3% será más lenta de lo previsto, por lo que ahora se estima alcanzarla hasta el segundo trimestre de 2027, un año después de lo proyectado inicialmente.
Durante 2025, la inflación general cerró en 4.4%, por encima del objetivo de Banxico. Aunque se ha observado una tendencia descendente, los analistas advierten que la persistencia de la inflación subyacente —que excluye bienes y servicios más volátiles— obliga a mantener una postura cautelosa.
El entorno internacional también influye:
Estados Unidos mantiene tasas elevadas, lo que presiona al peso mexicano.
China y Europa enfrentan desaceleración económica, afectando las exportaciones mexicanas.
La volatilidad en los mercados energéticos incrementa los costos de producción.
Especialistas del sector bancario señalaron que la decisión de Banxico busca dar certidumbre a los inversionistas y evitar movimientos bruscos en el tipo de cambio. Sin embargo, advirtieron que el aplazamiento de la meta de inflación podría impactar en la confianza de los consumidores y en las expectativas de crecimiento.
La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) pidió que la política monetaria se acompañe de medidas fiscales que incentiven la inversión y el empleo, para evitar que la economía se estanque.
El mantenimiento de la tasa en 7% significa que los créditos hipotecarios, personales y empresariales seguirán siendo costosos, lo que limita el acceso al financiamiento. Por otro lado, los ahorradores se benefician de rendimientos relativamente altos en instrumentos bancarios.
La decisión también impacta en el consumo: las familias enfrentan precios elevados en alimentos y servicios básicos, mientras que la recuperación del poder adquisitivo se prolonga.
La postura de Banxico confirma que la lucha contra la inflación será de largo plazo. Al mantener la tasa en 7% y aplazar la meta de 3% hasta 2027, el banco central busca preservar la estabilidad financiera, aunque a costa de un crecimiento económico más lento. El reto para México será equilibrar la disciplina monetaria con políticas que impulsen inversión y empleo en un entorno global incierto.



