En medio de la creciente tensión geopolítica derivada de los recientes despliegues bélicos de Estados Unidos en Medio Oriente, el presidente Donald Trump encendió las alarmas este viernes al declarar abiertamente que “Cuba es la siguiente”. Durante su intervención en la Cumbre Prioritaria del FII celebrada en Miami, el mandatario estadounidense justificó el uso de la fuerza armada que su administración ha dirigido contra Irán y Venezuela, lanzando una amenaza directa hacia la isla caribeña. “Construí estas grandes Fuerzas Armadas. Dije: ‘Nunca tendrán que usarlas’, pero a veces hay que usarlas”, afirmó Trump, para luego rematar su advertencia pidiendo irónicamente a los medios de comunicación que fingieran ignorar su comentario.
La agresiva postura de la Casa Blanca fue respaldada casi de inmediato por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien endureció la retórica al insistir en la urgencia de forzar una transición política definitiva en la isla. El alto funcionario argumentó que la severa crisis económica que asfixia a los cubanos no podrá resolverse sin un cambio profundo en su sistema de gobierno. Estas declaraciones se alinean con los pronósticos que el propio Trump emitió a principios de este mes de marzo, cuando aseguró que el régimen cubano “va a caer pronto”, marcando un nivel de hostilidad diplomática que especialistas internacionales equiparan con las tensiones vividas durante los años más críticos de la Guerra Fría.
Mientras las advertencias militares resuenan desde Washington, al interior de Cuba el descontento social comienza a superar el miedo histórico a la represión estatal. Ante un panorama de escasez extrema donde la población enfrenta severas dificultades para conseguir alimentos básicos, testimonios recabados por cadenas internacionales en las calles de La Habana revelan a un sector ciudadano que, empujado por la desesperación, vería con buenos ojos una intervención directa que ponga fin al actual gobierno. La coyuntura coloca a la isla en un nuevo y peligroso punto crítico, atrapada entre el endurecimiento del asedio estadounidense y el colapso absoluto de su modelo interno.



