Los productores agropecuarios del estado de Tamaulipas se han posicionado en el primer lugar a nivel nacional con la mayor cantidad de cartera vencida y adeudos pendientes ante la extinta Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero (Financiera Rural). Esta situación pone en evidencia la severa crisis de liquidez y rentabilidad que atraviesa el campo tamaulipeco en los últimos ciclos de cosecha.
De acuerdo con los balances financieros revelados tras el proceso de liquidación de la dependencia federal, miles de agricultores de la región norte y centro de la entidad no lograron liquidar sus líneas de crédito. Representantes del sector campesino atribuyen esta insolvencia a una combinación de factores adversos, entre los que destacan las prolongadas sequías, el desplome en los precios internacionales de los granos y el encarecimiento desmedido de los fertilizantes e insumos básicos.
La desaparición de este organismo de financiamiento gubernamental no solo dejó al descubierto la millonaria deuda acumulada, sino que también sumió a los productores en una profunda incertidumbre jurídica frente a los procesos de cobranza iniciados por las autoridades liquidadoras. Al carecer de esta fuente tradicional de apalancamiento económico, gran parte de los agricultores advierten que se encuentran imposibilitados para costear los trabajos de preparación de tierras para los próximos periodos de siembra, lo que amenaza directamente la producción estatal.
Ante este panorama crítico, las cúpulas agrarias y organizaciones de productores han lanzado un llamado urgente al gobierno federal para establecer mesas de negociación que permitan reestructurar los pasivos sin poner en riesgo el patrimonio de las familias rurales. La exigencia se centra en evitar el embargo de predios y maquinaria agrícola, buscando alternativas de pago justas que permitan a los campesinos sanear sus finanzas y reincorporarse a la actividad productiva para garantizar la soberanía alimentaria de la región.



