El Pentágono busca extender sus operativos militares hacia territorio latinoamericano, replicando en tierra el modelo de ataque empleado contra embarcaciones narco.
El jefe militar estadounidense advirtió que la estrategia para combatir el tráfico de estupefacientes dejará de limitarse a las aguas internacionales. Tras ejecutar agresivos bombardeos contra lanchas sospechosas en el Pacífico y el Caribe, Washington planea desplegar esa misma capacidad de choque directamente contra las bases de operación terrestre de los cárteles en Latinoamérica.
Para materializar esta incursión armada, las dependencias norteamericanas trabajan en la consolidación de alianzas operativas en el continente. La iniciativa contempla ejecutar estas misiones tácticas con el respaldo de gobiernos aliados como Ecuador y Colombia, buscando arrinconar y desmantelar a los grupos delictivos dentro de sus propias estructuras terrestres.
La viabilidad de este despliegue militar enfrenta severos cuestionamientos. Aunque el gobierno defiende estas acciones argumentando la necesidad urgente de frenar el contrabando, juristas y defensores de derechos humanos alertan sobre la gravedad de aplicar fuego directo sin juicios de por medio. El antecedente de los ataques navales, que suma 215 víctimas letales, ha encendido las alarmas ante el riesgo de que esta nueva estrategia detone casos de ejecuciones extrajudiciales masivas en la región.

